“Hay en el aire un olor tan fuerte…”
(Elisabeth Bishop)
El hedor salpica con la misma insistencia que tiene el mar,
pudriendo los edificios, colmándolos de un olor nauseabundo,
que se infiltra por las grietas, hasta el último pensamiento, saturándolos,
es el final del viejo lenguaje.
Entonces es lógico que a los planetas no les duela cuando se colapsan,
rompiendo su inercia y su escala,
sin conciencia de lo que representan.
De la misma manera es normal que una carta descubierta al azar
sea poco práctica para tomar decisiones,
mejor esconderla en la mano, soplar y hacerla desaparecer.
Los magos así lo hacen y nos invitan a imitar su gesto,
por muy rápido que lo hagan,
con la mismísima seriedad de un entierro,
aunque amplíen la órbita de los brazos,
la manos nada pintan,
es el momento de errar,
de elegir en silencio,
alentados por la voz interior
sabiendo que nos volveremos a equivocar.
jueves, 26 de noviembre de 2009
sábado, 31 de octubre de 2009
PARADA DE AUTOBUS
Momentos antes me quedé sin palabras,
las miraba sin recordar quién me las había dictado,
resbalaban por el banco hasta precipitarse a una bolsa de naranjas,
no tenía respuesta, esperaba a que el tiempo pasase,
sin alentar más que un especio donde dormir
enterrado a las brasas.
Despiértame despacio,
con las manos de la luz a mi espalda
y susúrrame que ya no hay más fuego,
la colilla resbala por las sábanas, rueda hasta caer al suelo,
sin partirse, sin provocar un chasquido,
perplejo por lo que acabo de ver me vuelvo a mirarte
¿seguro que soy yo el que sueña?
Pasan coches abrasando el agua, separando el territorio, desmenuzando el tiempo,
cada uno escoge un costado,
hay que continuar disparando hasta que solo quede uno.
las miraba sin recordar quién me las había dictado,
resbalaban por el banco hasta precipitarse a una bolsa de naranjas,
no tenía respuesta, esperaba a que el tiempo pasase,
sin alentar más que un especio donde dormir
enterrado a las brasas.
Despiértame despacio,
con las manos de la luz a mi espalda
y susúrrame que ya no hay más fuego,
la colilla resbala por las sábanas, rueda hasta caer al suelo,
sin partirse, sin provocar un chasquido,
perplejo por lo que acabo de ver me vuelvo a mirarte
¿seguro que soy yo el que sueña?
Pasan coches abrasando el agua, separando el territorio, desmenuzando el tiempo,
cada uno escoge un costado,
hay que continuar disparando hasta que solo quede uno.
jueves, 24 de septiembre de 2009
ANILLOS BLANCOS
Hart Crane
El camino hasta la misma desembocadura
parece indiferente para los incalculables hectómetros cúbicos mecidos por la corriente,
lo mismo parece sucederle a los conductores.
Carece de importancia saber cuántos vehículos lo atraviesan
o la media diaria,
sin embargo cuando alguien decide recorrerlo a pie,
su cara cobra tanta importancia como lo que lleva entre las manos,
cualquier cosa puede ser un detalle significativo sobre lo que pretende:
admirar con melancolía o construir anillos blancos.
El camino hasta la misma desembocadura
parece indiferente para los incalculables hectómetros cúbicos mecidos por la corriente,
lo mismo parece sucederle a los conductores.
Carece de importancia saber cuántos vehículos lo atraviesan
o la media diaria,
sin embargo cuando alguien decide recorrerlo a pie,
su cara cobra tanta importancia como lo que lleva entre las manos,
cualquier cosa puede ser un detalle significativo sobre lo que pretende:
admirar con melancolía o construir anillos blancos.
jueves, 17 de septiembre de 2009
QUERER MENOS
“… del resto queda poco”
(Chantal Maillard)
Suelo negar las distancias,
ignorar que a mí a quien miden.
He aprendido a callar,
conservando el derecho a lo minúsculo,
alejándome de los espacios abiertos
y de tu mirada íntima.
Sin tenerte te arrastro hacia la gran curva,
lo reconozco,
no siento el mal,
ha trascurrido el tiempo necesario para llorarte sin nostalgia,
pasaste y tocaste con esa varita al muerto,
no resucitó,
era tan solo una reclamo inmortal.
(Chantal Maillard)
Suelo negar las distancias,
ignorar que a mí a quien miden.
He aprendido a callar,
conservando el derecho a lo minúsculo,
alejándome de los espacios abiertos
y de tu mirada íntima.
Sin tenerte te arrastro hacia la gran curva,
lo reconozco,
no siento el mal,
ha trascurrido el tiempo necesario para llorarte sin nostalgia,
pasaste y tocaste con esa varita al muerto,
no resucitó,
era tan solo una reclamo inmortal.
lunes, 3 de agosto de 2009
GUARDAR PARA ADENTRO
“…que se cierne sobre el jugador inmóvil en la cancha”
(Billy Collins)
Por debajo de diez es cuando solemos contar hacia atrás,
alrededor se estaciona el silencio,
marca su silueta
que finalmente se rompe.
Durante esos diez segundos dichos en voz alta contenemos la respiración y nos consolamos con la eternidad.
(Billy Collins)
Por debajo de diez es cuando solemos contar hacia atrás,
alrededor se estaciona el silencio,
marca su silueta
que finalmente se rompe.
Durante esos diez segundos dichos en voz alta contenemos la respiración y nos consolamos con la eternidad.
sábado, 18 de julio de 2009
UNA TARDE
De vez en cuando estallan minas en el bosque.
Salí a pasear,
el frío hacia apretar los labios al silencio,
no había huellas que seguir,
ramas astilladas, troncos carbonizados.
Tú ya no me esperas,
la detonación al final secará tu olor en mi cuerpo.
Salí a pasear,
el frío hacia apretar los labios al silencio,
no había huellas que seguir,
ramas astilladas, troncos carbonizados.
Tú ya no me esperas,
la detonación al final secará tu olor en mi cuerpo.
domingo, 5 de julio de 2009
CARMEN SKORPIO
Al asomar la cabeza para sacar aire
y respirar lo mismo que tú, sonreímos,
fue la única vez. Aún no me habías oído
y podías soportar un error.
Luego los cromos,
las piedras, las subordinadas,
esperabas a ras de suelo que la metralla acabara lo antes posible conmigo
o un fallo en la pronunciación te abriera un espacio por donde salir,
no ocurrió nada, narré una vida,
árbol sin garras, líquido no potable, retales, tantos, que acabaste sepultada.
Corriste para no tener que mirarnos en el andén
y antes de soplar tu olor de mi cara estabas fuera,
aunque arañe las teclas,
pregunte por la distancia otra vez
no había más franqueza en mis lecturas,
peñascos sorprendentes caídos en nombre de las causas falsas.
No he pasado la prueba.
y respirar lo mismo que tú, sonreímos,
fue la única vez. Aún no me habías oído
y podías soportar un error.
Luego los cromos,
las piedras, las subordinadas,
esperabas a ras de suelo que la metralla acabara lo antes posible conmigo
o un fallo en la pronunciación te abriera un espacio por donde salir,
no ocurrió nada, narré una vida,
árbol sin garras, líquido no potable, retales, tantos, que acabaste sepultada.
Corriste para no tener que mirarnos en el andén
y antes de soplar tu olor de mi cara estabas fuera,
aunque arañe las teclas,
pregunte por la distancia otra vez
no había más franqueza en mis lecturas,
peñascos sorprendentes caídos en nombre de las causas falsas.
No he pasado la prueba.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)